Imágenes dialécticas del patriarcado: Para una Teoría crítica feminista

Autores/as

Palabras clave:

negatividad, imagen dialéctica, feminismo, patriarcado, violencia

Resumen

El objetivo central de este artículo es mostrar algunos perfiles de una Teoría crítica feminista desde la negatividad. Se parte de las reflexiones de Theodor W. Adorno y Max Horkheimer sobre la situación de las mujeres, para proponer una relectura de las mismas como imágenes dialécticas del patriarcado. Sostengo que una recuperación de su pensamiento, retomando la figura la imagen dialéctica, puede contribuir a revitalizar la potencia crítica que guardan sus análisis sobre la asimetría entre los sexos-géneros. Además, considero que este entramado crítico, vertido principalmente en Dialéctica de la Ilustración, está estrechamente relacionado con los trabajos de los teóricos críticos sobre antisemitismo, autoritarismo y prejuicio. El artículo intenta visibilizar la importancia y vigencia que tienen algunos motivos de la Teoría crítica, para adentrarse en las tensiones que explican la condición de las mujeres y la violencia ejercida contra ellas en la sociedad actual.

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Como es el caso de la posición pragmatista de Nancy Fraser y de la filosofía política de Iris Marion Young. Del planteamiento de estas dos filósofas se infiere que se trata de partir, para discutir con él y reformularlo, del cambio generacional propuesto por Habermas y sus sucesores, a fin de pensar una teoría feminista que reivindica los aciertos de la modernidad, resituando dicho proyecto al interior de un modelo democrático sensible a las diferencias (Young, 1996: 99-104). Un teoría feminista que, además, socave los sesgos del planteamiento de la dicotomía público-privado habermasiano, para dar paso, tanto a la aceptación de la existencia de una generización que trasciende la esfera privada, como a la realidad de una politización de la vida íntima; este último es el caso de Frase, quien aboga por una “teoría crítica feminista-socialista del capitalismo de bienestar” y quien, no obstante separarse críticamente de Habermas, advierte de no caer en la confusión de pensar que su postura se distancia de éste radicalmente, antes bien, la filosofía habermasiana, sostiene, plantea elementos aportadores para su posición feminista (Fraser, 1990: 65-71).
2 En su análisis de estos dos personajes femeninos de La Odisea, Neus Campillo (1993) ha sabido resaltar la relevancia que puede tener el uso de la alegoría para una reapropiación feminista adecuada del pensamiento de Adorno y Horkheimer, que deje de lado la visión de Habermas sobre los derroteros supuestamente aporéticos y catastróficos de Dialéctica de la Ilustración.
3 Con respecto a este último punto, cabe hacer una pequeña digresión que matice la postura de Adorno y Horkheimer en lo relativo al significado de la regresión: mientras en la narrativa de Homero la vuelta hacia atrás es siempre “caída”, los frankfurtianos reconocen en la conversión de los hombres en animales que supone el hechizo de Circe, una promesa de reconciliación con la naturaleza; de este modo, Circe representa también el acercamiento, sin la mediación cosificante, a la vida, a la pulsión y al deseo no intrumentalizados (Cf. Adorno y Horkheimer, 2016: 117).
4 En el canto XXIII, Homero narra la prueba de identidad decisiva a la que Penélope somete a Odiseo, el poeta muestra el momento crucial en el que el rey de Ítaca exhibe las evidencias contundentes de la legitimidad de su deseo de recuperar mujer y reino, y ésta consiste en la historia de la fabricación de su lecho nupcial a partir de un olivo (Cf. 1993: 475).
5 Esta asignación es asimétrica, de modo que los efectos de la estructura actúan diferencialmente entre hombres y mujeres; en el caso de los varones, Bourdieu habla de una “alienación benéfica”, que otorga a los hombres, a través de instituciones y prácticas, el lugar del privilegio del dominador y los dota de la libido dominandi (deseo de dominar) (Cf. 2000: 97).
6 Esta asociación de las mujeres con la naturaleza ha sido leída, algunas veces, a través de un concepto limitado de naturaleza que, de sostenerse, redundaría en una franca contradicción de los teóricos críticos con su posición dialéctica y negativa (Cf. Puleo, 1992: 118-120). Para Adorno y Horkheimer, las mujeres, junto con todo lo vivo, han sido reducidas a cosa y medio por el “sujeto soberano”; la subjetividad constituyente que hace participar a toda realidad de la dominación generalizada. La identificación de las mujeres con la naturaleza no alude a ninguna esencia presocial, sino a la producción, que siempre es violenta, de las mujeres como cosas; ellas son producto de la sociedad, mediadas por la estructura patriarcal y capitalista, y producidas históricamente. Por otro lado, Puleo ve en Marcuse un biologicismo y una ontología de los sexos, y es así como el teórico crítico despeja este cuestionamiento en las primeras líneas de “Marxismo y feminismo”: “Unas palabras sobre la cuestión de si las cualidades «femeninas» están condicionadas socialmente o son más bien «naturales», biológicas. Mi respuesta es la siguiente: más allá de todas las evidentes diferencias en lo fisiológico entre hombre y mujer las cualidades femeninas están, en verdad, determinadas por lo social” (1983: 9). Una lectura que intente hacerle justicia al planteamiento de la Teoría crítica, tendría que ser necesariamente dialéctica, comprender que la naturaleza representada por las mujeres es efecto de una relación de dominación. De este modo, si seguimos el argumento vertido por Marcuse en el ensayo anteriormente referido, nos encontramos con que éste sostiene que las cualidades de las mujeres (receptividad, pacifismo, ternura), que pueden aportar a una sociedad futura, liberada de la agresividad y el dominio, han sido generadas en el desarrollo mismo de la sociedad patriarcal y capitalista, por tanto, la naturaleza a la que el teórico crítico vincula a las mujeres no radica en la posesión de cualidades de exterioridad radical o de principio originario.
7Son estos giros dialécticos los que hacen imposible asimilar las reflexiones de Adorno, con respecto a la condición de las mujeres, a una positivación de la esfera de la reproducción, como lo sugiere Scholz (Cf. 2018: 1527, 1529), de lo contrario ello las acercaría al feminismo de la diferencia. Como han sostenido Cornell y Turschwell, para Adorno, la diferencia da sitio a la intersubjetividad, en clara alusión al hecho de que la subjetividad femenina ha sido generada en el proceso mismo de diferenciación entre los sexos, pero la mujer, en un emplazamiento más de lo no-idéntico, no es ni representable ni subsumible por completo a la experiencia masculina, con lo cual, sostienen estos autores, la dialéctica negativa queda muy por fuera del feminismo de la diferencia, cuyo error fundamental radica en “reificar la negatividad con la forma de lo femenino” (1990: 225). En este sentido, me parece más adecuado resituar las consideraciones adornianas sobre la no-identidad en relación con la experiencia del sufrimiento de las mujeres (Heberle, 2006), dentro de la coordenada de una reflexión feminista que ve en dicho padecimiento una potencialidad política, no una condición sustancializada.
8 A este respecto, Molas Font añade que, junto a las obras de Hesíodo, Teogonía y Trabajos y días, los poemas homéricos, La Ilíada y La Odisea atestiguan que, a inicios del primer milenio, el patriarcado era ya el orden simbólico establecido entre las comunidades griegas, y de ello da cuenta la lingüística y la arqueología. Éstas muestran la existencia previa de una religión politeísta femenina, cuya base era el culto a la fertilidad y a la reproducción, en la que las mujeres gozaban de respeto, reconocimiento y autoridad; que más tarde fue reemplazada por un panteón divino, preponderantemente masculino, asociado a la palabra de origen europeo pater y a las actividades de la guerra (Cf. 2006: 33).
9 De lo expuesto por Cantarella es importante retener, asimismo, como a falta de un ámbito público de derecho plenamente constituido, múltiples castigos tuvieron un carácter privado, fueron practicados en el marco del Oíkos y por el señor de la casa, soberano absoluto de los miembros del hogar. Algunas de estas formas de dar muerte no pasaron nunca al espacio ciudadano de la pena, reservando vida y muerte, especialmente en el caso de las mujeres, al sitio de lo doméstico (Cf. 1996:15-18). De este modo, la legitimación de la pena que da sostén a una ley que favorece el poder masculino, así como la circunscripción de su práctica a la esfera privada, se aúnan para invisibilizar la violencia física ejecutada sobre los cuerpos de las mujeres, constituye una práctica socialmente sancionada, que al legitimar y encerrar, encubre y minimiza sus efectos.
10 La escena de las siervas guarda un profundo sentido estético que Adorno y Horkheimer saben destacar en los síntomas de una especie de exaltación y sublimación del cuadro por parte de Homero, pero también del filólogo, experto helenista, Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff (Cf. 2016: 124). De modo que la ejecución de las doncellas puede interpretarse, asimismo, como una crítica a los efectos normalizadores de la violencia estetizada, a partir del mismo Adorno. Para ello pensemos, particularmente en el caso de países con altos índices de violencia, en los feminicidios como utensilio mediático de comercialización de las agresiones contra las mujeres, en su uso dentro de los circuitos de reproducción y circulación de imágenes, o en la utilización de la corporalidad femenina como lienzo y pantalla de mensajes legibles, tanto para una sociedad a la cual se induce a un miedo horrorista, como para grupos delincuenciales que recurren a la comunicación codificada en formatos de ejecución. Fenómenos que contribuyen a obturar las posibles reacciones de resistencia y oposición. Dejo este tema para un futuro trabajo.
11 Cabe resaltar la constelación en la que estas reflexiones frankfurtianas están situadas, la experiencia de los campos de concentración que, según lo consigna Raul Hilberg (2005), fue un “proceso de destrucción”, una lógica de aniquilación conformada por una serie ordenada de actividades, continuas y sujetas a planificación y administración, dentro de una estructura burocrática y especializada, a diferencia de los pogromos, que consisten en actos de aniquilación de personas, momentáneos y sujetos a cierta dosis de espontaneidad.
12 Aunque las razones de la ejecución de Melantio son claras, se trata del caso de una tortura y asesinato por traición, el modo como ésta fue llevada a cabo, según Cantarella, no cuenta con raíces explicativas en ningún rito previo que lo dote de una justificación religiosa o mítica, de modo que la pena parece obedecer a una exacerbación de la violencia que pone énfasis en su deslealtad. Cantarella explora posibilidades de asociación con la pena “maschalismos”, la cual consistía en el desmembramiento del cadáver para restarle fuerzas a la víctima y disminuir sus posibilidades de venganza, para luego concluir que esta forma de ejecución no tiene mucho sentido en un relato que refleja la incredulidad sobre el poder de los muertos, a quienes no se teme. La especialista también tantea terreno en las mutilaciones de las víctimas de los héroes, sin embargo, infiere, éstas buscaban infligir una humillación a un contendiente de alto rango que había muerto con honor; lo cual, evidentemente, no es el caso del cabrero (1996, 24-28). La hipótesis de la especialista parece hacerse más plausible en tanto son Eumeo y Filetio, el porquero y el boyero, también sirvientes y no figuras heroicas, quienes mutilan y desmiembran el cadáver del pastor.
13 La figura de Melantio correspondería a una imagen de “horrorismo” (Cavarero, 2009), no del terrorismo que supone la mirada puesta en el ejecutor de la violencia, sino de aquella violencia que apunta hacia el sufrimiento de las víctimas inermes y vulnerables, en su reducción a un estado corporal irreconocible, privado de todo vestigio de humanidad
14 Sin embargo, Scholz (2018) se distancia del planteamiento de Adorno cuando propone solventar lo que considera ser una ausencia de desarrollo detenido de las asimetrías sexo-genéricas en la Teoría crítica, el cual se queda en un momento solamente “descriptivo”, perdiendo con ello de vista la relación precisa que éstas tienen, dialéctica y escindida, con la producción del valor.
15 Las investigaciones sobre el prejuicio están conformadas por cinco proyectos colectivos de orientación empírica: Dynamics of Prejudice: A psychological and Sociological Study of Veterans, Anti-Semitism and Emotional Disorder: A Psychoanalitic Interpretation, The Authoritarian Personality, Prophet of Deceit y Rehearsal for Destruction (Cf. Jay, 1989: 382). De este grupo de trabajos destacó el tercer proyecto, The Authoritarian Personality, traducido al español como Estudios sobre la personalidad autoritaria (Adorno, 2009). En esta obra, Adorno junto con Else Frenkel-Brunswik, Daniel J. Levinson y R. Nevitt Sanford, llevaron a cabo una investigación integral acerca de las bases motivacionales de las tendencias antisemitas y el desarrollo del prejuicio contra diversos grupo minoritarios (mujeres, afroamericanos, homosexuales y migrantes). Asimismo, pueden considerarse parte de esta constelación, el conjunto de indagaciones sobre psicoanálisis y antisemitismo (Adorno, 2003, 2004), las reflexiones sobre educación y pedagogía (Adorno, 1998), así como el emblemático último ensayo de Dialéctica de la Ilustración, “Elementos sobre el antisemitismo”.
16 La base de esta formulación es la teoría del fetichismo de la mercancía. La inversión se sujeto-objeto por el que la realidad adquiere vida propia en una conversión a “segunda naturaleza”. La suma del trabajo, de la producción, tiene a los hombres como actores y sostenes; sin embargo, esta esfera se ha extrañado, solidificado, objetivado y autonomizado, de modo que es esta quien parece dirigir la dinámica social, tomando a los individuos como sus apéndices (Marx, 2016: 88).
17 Asimismo, de acuerdo con Moishe Postone (2001), quien recoge esta tesis de la Teoría crítica, existen paralelismos entre la lógica del fetichismo de la mercancía y la falsa conciencia. Mediante la inversión abstracto-concreto se asocia la producción del valor con el ámbito de la circulación y se le personifica en una clase o grupo determinado, o bien se le relaciona con formas abstractas, como ocurre en el caso del capital financiero.

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Publicado

2020-12-31

Cómo citar

Hernández, D. (2020). Imágenes dialécticas del patriarcado: Para una Teoría crítica feminista. Constelaciones. Revista De Teoría Crítica, 11(11-12), 355–381. Recuperado a partir de http://constelaciones-rtc.net/article/view/3615