Call for Papers nº 10 (2018)

Violencia socializadora y dinámicas autoritarias en el horizonte de la crisis

Coordinadores:

Dr. José Antonio Zamora (CCHS-CSIC, Madrid)

Dr. Jordi Maiso (UCM, Madrid)


"No nos separa del ayer ningún abismo, sino una situación transformada" (A. Kluge). Desde 1945 la teoría crítica no se cansó de recordar que las condiciones objetivas y subjetivas que habían hecho posible el fascismo subsistían, y que los sistemas parlamentarios no garantizaban un blindaje respecto a posibles recaídas. Es sabido que Adorno consideraba la supervivencia del nacional-socialismo en la democracia mucho más amenazadora que la pervivencia de tendencias fascistas contra la democracia. En el exilio estadounidense, donde encontraron refugio ante la expansión del fascismo por Europa, los teóricos críticos desarrollaron una serie de estudios que analizaban qué es lo que hacía que los sujetos fueran receptivos a los discursos fascistas y las "ideologías totalitarias". El más conocido sin duda es "la personalidad autoritaria".

Entre tanto, los tiempos han cambiado. Ya no estamos ante las lógicas de la Guerra Fría y, si podemos hablar aún de un "mundo administrado", ciertamente ya no es en el mismo sentido. Y, sin embargo, desde Trump hasta Le Pen, desde las marchas de Pegida hasta las vallas coronadas con alambradas de pinchos, desde la crisis de refugiados hasta el grado cero de la política en la gestión de la crisis, incluso los discursos de "centro" adquieren tonos autoritarios, y la "normalidad democrática" de las instituciones se revela cada vez más excluyente y difícilmente sostenible. En este escenario los signos de impotencia generalizada están a la vista de todos y ofrecen un suelo fértil para la regresión social. En este sentido hablar de "populismo" explica más bien poco, aunque sin duda están en juego políticas de resentimiento. Parecería que estamos ante la revancha de ese supuesto "fin de la historia" que no supuso el final del miedo ni de las clases sociales, pero sí la asunción de un capitalismo sin alternativas. Pero, si el capitalismo puede salir de la crisis actual, no será volviendo a altas tasas de empleo e inclusión social, sino más bien al precio de un creciente cercamiento de las condiciones de vida de cada vez más sectores de población.

En este marco, ¿qué actualidad cobran los análisis de la teoría crítica? ¿Cuál es la vigencia de los diagnósticos sobre la personalidad autoritaria, sobre la elaboración del pasado, sobre el vínculo entre progreso y regresión histórica? ¿Qué revelan las nuevas tendencias sociales y políticas sobre los procesos de subjetivación en el capitalismo, sobre las nuevas fallas de clase, sobre la necesidad difusa de reconocimiento y afirmación, a menudo a costa de la violencia sobre otros, o sobre la connivencia con la violencia social? ¿Acaso está superado el imperativo categórico que formulara Adorno de orientar el pensamiento y la acción de modo que Auschwitz no se repita, que no ocurra nada semejante?

Invitamos a enviar contribuciones para el número 10 de Constelaciones. Revista de Teoría Crítica que traten entre otras algunas de las siguientes cuestiones desde la perspectiva de la Teoría Crítica:

 

1. Crisis del capitalismo y economía psíquico-libidinal: diagnóstico psicosocial del presente

La profunda crisis actual tiene entre otros significados el de evidenciar el fracaso de la promesa de seguridad y bienestar que sustentaba la integración económica de los individuos en el capitalismo fordista y post-fordista y legitimaba su sometimiento a las exigencias que les impone la lógica de acumulación. Hoy la violencia socializadora y la participación económica no solo han dejado de reforzarse mutuamente, sino que su creciente divergencia evidencia la escasa capacidad integradora de la participación democrática, que se revela incapaz de suscitar identificaciones fuertes. El sentimiento difuso de amenaza y la sensación de que no existe una capacidad de agencia capaz de hacerle frente generan la necesidad de un sujeto soberano, fuerte, frente a la imposición de los imperativos abstractos del capitalismo globalizado. De ahí surge un potencial de rabia y agresión que pide ser descargado por medio de la proyección sobre aquellos grupos que a los ojos de la mayoría parecen poner en peligro el vínculo entre adaptación y bienestar. Una teoría crítica de la sociedad ha de enfrentarse a las economías libidinales como sedimentación de las interacciones sociales históricamente determinadas. Adaptación y resistencia, irritación e identificación, proyección y reflexión crítica, renuncia y oposición, etc. siguen constituyendo los polos de un campo de fuerzas en el que explorar la relación entre economía libidinal del sujeto y crisis del capitalismo, atendiendo a las nuevas formas de subjetivación y a los nuevos medios de masas implicados en su producción.

 

2. Formas actuales de “religión de la vida cotidiana” (Detlev Claussen): Chovinismo nacionalista, antisemitismo e islamofobia.

Antisemitismo, racismo, chovinismo nacionalista e islamofobia son productos de una secularización fracasada, elementos de la “religión de la cotidianidad” que permite vivir bajo la violencia socializadora de la sociedad productora de mercancías y compensar el incumplimiento de las promesas “salvíficas” de la modernidad capitalista. Los vínculos de estos elementos de la religión de la vida cotidiana y el marchamo narcisista del bienestar económico no resultan evidentes a primera vista. Su aclaración pasa por un examen crítico de lo que hoy se llama extremismo del centro, concepto que quiere expresar la conformidad autoritaria de las clases medias de las sociedades capitalistas más desarrolladas. Las fantasías nacionalistas y su complemento xenófobo poseen tanta mayor capacidad de impacto cuanto mayor sea la necesidad de compensar la propia debilidad y pérdida de realidad y de restablecer la autovaloración dañada. Lo decisivo no es solo la amenaza real, sino el sentimiento de amenaza y el miedo a un futuro cada vez más inseguro. Esto coloca en el punto de mira no los márgenes (extremistas) sino el centro de la sociedad actual.

 

3. Dinámicas autoritarias en sociedades “post-autoritarias”

La identificación entre la fijación autoritaria y las actitudes de extrema derecha o la violencia racista es un dato generalmente aceptado. Más allá de esa identificación, el “carácter autoritario” pretendía identificar la violencia socializadora en sociedades autoritarias y al mismo tiempo criticar la sociedad que integra a sus miembros por medio de la violencia. Las instancias mediadoras de esa violencia socializadora poseen un carácter histórico, pero la “autoridad” caracteriza a los ojos de la Teoría Crítica la dominación social; la figura paterna es solo un caso especial. También la emergencia de caudillos y líderes que encarnan el ideal de la masa. De ahí la necesidad de desentrañar en cada momento las dinámicas autoritarias y los procesos psicosociales que hacen receptivos a los sujetos a esas dinámicas. ¿Cómo se producen socialmente las nuevas formas de servidumbre “voluntaria”? ¿Cómo conviven una aparente ausencia de autoridad en las llamadas sociedades permisivas con dinámicas autoritarias? ¿Existe algo así como una “autoritarismo secundario”, es decir, una orientación autoritaria que no llama la atención del mismo modo que el populismo de extrema derecha o el racismo violento, porque aparentemente falta lo que debería ser su rasgo más característico, esto es, una autoridad personal? ¿Existe un vínculo entre experiencias de privación y las dinámicas autoritarias? ¿Qué relación guarda la evolución hacia un capitalismo autoritario con las nuevas formas de subjetivación adaptativa y las dinámicas autoritarias de las clases medias?

 

Fecha tope de envío de originales: 31.07.2018